Cambio de Hábito

Leía un artículo el otro día sobre una persona que dejó de fumar y cómo le había cambiado la vida, no sólo en lo físico (respirar mejor, andar más alegre pero ansioso, comer más) sino que en lo social. Sobre eso va este post. Y más, claro.

Hace más de cuatro meses que no fumo. Lo dejé de un día para otro, después de fumar como cuatro años. Nunca fumé mucho, pero fumaba. Y un día decidí que era suficiente, que estaba aburrida de que toda mi ropa oliera a cigarro. Y listo. Nunca más. Creo que lo eché de menos un par de veces, pero nada. Nunca más.

¿Cómo ha cambiado mi vida este hábito? Ahora sí le pongo atención a los restaurantes o cafés, para poder ir a lugares donde haya sectores diferenciados de fumadores y no fumadores, porque me da wácala el olor y qué lata comer rodeada de humo. Esto es algo que me molestaba desde antes, pero ahora se agudizó.

Me pasa lo mismo en la calle. He notado cuánta gente fuma en Santiago y me sorprende. Antes pasaba más desapercibido pero ahora noto que en los paraderos de micro, en las esquinas, a las salidas de los edificios, afuera del metro: todos fuman. Yo esquivo o camino más rapido, me hago a un lado, sobre todo en la mañana porque es hiper desagradable el olor a pucho antes de las 8.

Lo principal es que me gusta la idea de toda la plata que he ahorrado desde que no compro cigarros. Eso me hace bien feliz. Y cuando pienso que mi cara no va a perder más colágeno por efecto del humo. Eso también me pone contenta. Jaja.

A mi no me costó nada dejar el cigarro. Pero como que siempre supe que podía dejarlo cuando quisiera, no sé por qué pero era una sensación poderosa en mí. Mi mamá, por ejemplo, siempre dice que quiere fumar menos pero nunca lo hace. «Es que no tengo fuerza de voluntad», dice. Y yo no sé si será esa la razón o que de verdad, en el fondo, no está ni ahí con dejarlo.

Y empecé a pensar en casos donde sí ha ocurrido el cambio de hábito. Tengo un tío que jamás se disculpó por fumar. Nunca. Hasta que le dio un ataque al corazón y el médico le dijo que si no dejaba el cigarro, se iba a morir. Así de fácil. Y el tío no sólo dejó de fumar, sino que también dejó de beber alcohol. Tenía cuatro cabros por los que responder y él eligió estar presente y dejar los vicios. De la noche a la mañana. Seco.

Tengo otro tío, mi padrino, que también fumaba poco -como yo- hace años. Hasta que su hermano mayor se murió de cáncer al pulmón y él, mi padrino, jamás volvió a tocar un cigarro. Nunca más.

Entonces pienso que los hábitos se pueden cambiar si uno quiere. A veces te toca porque vives una experiencia extrema del tipo «¡te vas a morir!» o ves como un ser querido se va de este mundo porque nunca tuvo la voluntad de cambiar. Lo encuentro heavy.

A veces pasa porque es una decisión que tomaste, como me pasó a mí. Y la tomaste y listo, se acabó el asunto. Hay que ser realista también, era algo que siempre supe que podía dejar. Si me dijera «voy a comer menos chocolate», me reiría a los dos segundos en mi propia cara porque eso sí que es imposible. Quizás eso es lo que siente mi mamá respecto al cigarro, no sé.

Esto no es una apología a la no fumación ni nada por el estilo. Sólo pensaba en qué hábitos es posible cambiar y cuáles no; si es cosa de voluntad personal o requiere un alcachofazo magnánimo para que uno despierte y ahí decida cambiar los hábitos que hacen mal.

Eso. Discuss.

20 comentarios sobre “Cambio de Hábito

  1. Es bien heavy el tema del cigarro ya que como es un vicio socialmente aceptado el fumador poco se urge en dejarlo realmente.
    Yo era fumadora social, pero antes de embarazarme decidí no fumar mas, ya que en mi caso si que era una tontera, no niego que a veces al tomar un café rico siento que le llora un cigarro, pero ahí aplico la tecnica de Chandler, de aspirar el humo de otro y se me pasa jaja.

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  2. Yo nunca he fumado, pero he vivido el tema de cerca con mi hermana, que debe llevar tres meses sin fumar después de 10 o 12 diarios. Debe ser difícil, pero encuentro que la voluntad es clave, mucho más que lo que te diga el médico o los amigos.
    Con el chocolate pienso igual, pero conocí hace un tiempo a una niña que lo amaba pero hizo una manda por un año de no comer nada y lo cumplió. La motivación y voluntad son lo que importa.

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    1. Ah, no, si lo que te diga la gente nunca importa a menos que de verdad tu quieras dar el salto. Eso lo tengo clarísimo. La lata es cuando la gente habla hasta por los codos que sí quiere dejarlo (u otro mal hábito) pero que les cuesta y que no pueden, cuando en realidad no hay intención.

      Jamás podría hacer una manda así, no con chocolate. Sé que no podría cumplirla. Jamás.

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  3. Yo no fumo … y a diferencia de usté escritora querida, cero empatia y odio a todos los que fuman en la calle… TODOS! les sacaria el cigarro de la boca con un manotazo… soy una persona super tolerante, amorosa, un encanto hecha mujer, pero esto, que fumen mientras caminan o en la calle… me enfurece

    respecto a las cosas que uno deja de hacer, yo me comia las uñas, en mala, y un día hablaba conmigo misma acerca de esa gente que es adicta a algo, y que en el fondo no son libres porque estan amarrados a ese algo para funcionar en ciertas ocasiones … y me senti realizada por ser libre, y cache que me comia las uñas, y me cai de mi altar propio, asi que deje de comerme las uñas… jajajaja
    y volvi a subir en gloria y majestad y con las uñas pintadas rojo furioso…

    eso

    muerte al cigarro

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        1. Oye Mary me acorde de algo muy bkn que vi en Tokio…
          Allá hay lugares delimitados en algunas esquinas y/o salidas de metro con cintas de color en el piso, y es en esos lugares, y solo ahí, donde se puede fumar… El resto de la calle esta «libre» de humo…
          Me encanto ese sistema, pero igual creo que sería difícil de implementar acá.

          Así que tenemos que puro irnos para allá!!!!

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  4. Yo creo que, en mi vida, a lo mas he fumado 4 veces. Y de esas 4, en 3 ocaciones no me fumé el cigarro sola. Jamás le encontré la gracia al andar con la boca con un gusto amargo, que la ropa te quede pasada, etc. Y como vivo en una casa donde mis padres nunca fumaron (aunque mi mamá me contó que ella y mi papá si habían fumado alguna vez en la juventud), no existe ese «hábito». Sebastián es la única excepción de la famila. Tomó el hábito un poco antes de salir del liceo y fuma bastante, pero la mayoría de las veces compra tabaco y usa una pipa o se enrolla los cigarros él mismo.
    Ahora, pasando al tema del «cambio de hábito», es ooooooootra cosa. Yo tengo hábitos que detesto en mí, pero que debo reconocer no dejo por comodidad/flojera. Es lo peor, y es una lucha constante tratar de cambiarlos. Lo más importante es la voluntad, la que más de una vez me falta.

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  5. Pienso que es cuestión de querer hacerlo, querer cambiar, es como dice el dicho «querer es poder», creo que en ocasiones es más fácil decir que no podemos cambiar porque el modificar algo requiere esfuerzo, hacer un plus, lo realmente irónico de esto es que a la larga el conservar el hábito malo resulta mucho más desgastante que modificarlo.

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  6. Ufff… el tema me toca ene…
    Yo no fumo, ni he fumado, me carga… en parte debe ser por la experiencia que tengo con él.
    Mi viejo se fumaba 2 cajetillas diarias desde antes que yo naciera así que crecí con ese olor asqueroso. Mi mamá siempre le reclamo, pero él nunca lo dejo, básicamente porque no quería hacerlo.
    Hasta que un día le dieron 2 pre infartos, lo llevaron al hospital y estando allá le dio un infarto, fue heavy… dp de eso lo dejo, salió del hospital y nunca más tomo un cigarro en su vida. Ahora dice que le molesta el humo ¬¬
    En fin, lo positivo es que lo dejo.

    Y bueno, en general soy bien tolerante, como la Mary pero mas simpática, jajajaa…. pero me carga la gente que fuma en la calle, no soporto ir caminando y que el que vaya delante o al lado mío me tire el humo, aparte que lo encuentro ultimo de irrespetuoso.
    Ni hablar de salir con alguien que fuma… nunca me ha pasado, y la verdad es que no me imagino poder hacerlo.

    Y bueno, respecto al tema, yo creo que siempre se puede dejar, creo que la fuerza de voluntad no tiene nada que ver. Se quiere o no se quiere, punto.

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  7. En mi vida no existe cosa que me provoque mas odio que el «cigarro»…odio con todo mi ser el humo y también a la gente desconsiderada y egoísta que fuma en cualquier lugar público, mas aún a esas personas que estando con niños fuman delante de ellos haciéndose los tontos del daño que les están provocando, ya que con la información que existe hoy en día sobre los factores de riesgo que provoca el fumar no toman conciencia sólo por la necesidad de saciar un vicio. «gente egoísta»…..

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  8. Yo odio a los fumadores!!! me carga que fumen en la calle o espacios públicos y su asqueroso humo me llegue a la cara.. lo odio!!! y ahora con guagua y embarazada peor!!! odio que me salude un fumador!!

    Bueno.. ahora viene la parte mala.. yo tb fumé, fui fumadora social (de puro monga) como por un año, eso sí sólo de noche y si tenía un copete en mano. Peeeero el 2010 cuando conocí a mi amor me dieron ganas de tener un hijo y lo dejé altiro, así que cuando me embaracé un año después estaba libre del maldito vicio. Mi marido lo dejó a penas supimos que estábamos embarazados.

    Y lo del chocolate, atroz!!! confieso que hice una manda y no la cumplí… al segundo día sucumbí. Maldita debilidad!

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